Pirra y Deucalión

Pirra-y-Deucalion
73 x 102 cm | 2008 | óleo sobre lienzo


Zeus quiso saber cómo vivían los humanos, por lo que bajó a la Arcadia disfrazado de pastor. Licaón y sus hijos, sospechando, le prepararon un banquete y junto a la res sacrificial le sirvieron carne humana con el fin de comprobar si realmente se trataba de un dios. Tal fue el enfado de Zeus que decidió mandar un diluvio para acabar con la humanidad. Prometeo, enterado, avisó a su hijo Deucalión, diciéndole que fabricara un arca para él y para Pirra su esposa. Pasado el diluvio, sintiéronse solos, por lo que le rogaron a Zeus que permitiera de nuevo a la humanidad renacer. Zeus les hizo llegar un oráculo que decía que cubrieran sus cabezas y lanzaran tras de si los huesos de su madre y que de los que lanzara él nacerían varones y de los de ella, hembras. Pirra y Deucalión horrorizados en un primer momento, comprendieron después que se trataba de piedras, los huesos de Gea la tierra, la madre de todo.
En el cuadro la creación de la humanidad está ocurriendo. Desde que abandonaron la nave Pirra y Deucalión, los primeros padres del mito griego están lanzado piedras que se metamorfosean en personas. Después de haber estado creando un tiempo, a causa del tedio, Pirra cede ante la tentación de crear algo distinto, y a pesar de la escasez de piedras, trueca una piedra por un maniquí metafísico. Deucalión imperturbable no interrumpe su tarea. Detrás contemplamos acumulaciones megalíticas de la humanidad antediluviana que se extinguió.