Pélope y Hipodamía

Pelope-y-hipodamia
óleo sobre lienzo | col. privada (Madrid)

Estamos en un mundo bajo vigilancia, de modo que aquellos que sustentan las representaciones de los mitos están proscritos en construcciones aisladas. Contemplamos en el centro de la nave principal la puesta en escena de un antiguo drama con el ‘atrezzo’ improvisado.
Mirtilo, áuriga de Enómao y traidor a su amo, se dispone a recibir el soborno por el servicio prestado a Pélope y Hipodamía.
Enómao, rey de Élide, estaba enamorado de su hija Hipodamía, así que imponía a aquellos que la pretendiesen en matrimonio contender con él en carrera de carros ya que era poseedor de unos caballos divinos, obsequio de Hades, con los que siempre los alcanzaba decapitándolos al instante.
Doce cabezas adornaban ya el palacio del rey cuando Pélope se enamoró de la hija de Enómao y se dispuso a competir. Hipodamía que le correpondía le ayudó a sobornar al áuriga paterno. Mirtilo sustituyó los broncíneos pasadores de las ruedas por otros de cera, de modo que éstas se desprendieron causando la caída y muerte del incestuoso rey.